A diferencia de los aranceles —incluso aquellos considerados ilegales—, los conflictos bélicos no pueden encenderse y apagarse según la conveniencia política o los intereses momentáneos de un mandatario. Las guerras implican consecuencias profundas y prolongadas que trascienden cualquier cálculo coyuntural o intento de estabilizar mercados en crisis.
En ese contexto, la reciente decisión del presidente estadounidense Donald Trump de suspender los ataques previamente anunciados contra instalaciones eléctricas en Irán ha generado nuevas interrogantes en la comunidad internacional.
Más allá de si esta acción responde a lo que algunos críticos denominan un nuevo episodio de “TACO” (“Trump Always Chickens Out”, por sus siglas en inglés), el foco ahora se centra en comprender las verdaderas motivaciones detrás de este giro. Analistas coinciden en que la medida podría reflejar una estrategia más amplia, en la que factores políticos, económicos y diplomáticos convergen en un escenario global cada vez más volátil.



