jueves, julio 2, 2026
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    Actividad sísmica continúa en República Dominicana con dos nuevos temblores y varios microsismos registrados

    La actividad tectónica en el Caribe continúa generando movimientos en la región. Este miércoles, la República Dominicana registró dos sismos perceptibles frente a su costa sur, además de un enjambre de al menos nueve microsismos detectados por los equipos de monitoreo, como parte del proceso natural de reajuste de las fallas geológicas tras los fuertes terremotos ocurridos recientemente en Venezuela.

    Los dos movimientos principales, de magnitudes 3.1 y 3.8, no provocaron daños materiales ni dejaron personas lesionadas, aunque mantienen bajo observación a los organismos especializados debido al constante intercambio de energía entre las placas tectónicas que convergen en el Caribe.

    El primer temblor ocurrió a unos 55.6 kilómetros al sur de Sabana Grande de Palenque, en la provincia San Cristóbal. Alcanzó una magnitud de 3.1 y se produjo a una profundidad cercana a los 50 kilómetros.

    Horas después, un segundo sismo de magnitud 3.8 fue localizado a unos 59 kilómetros al sur de Boca de Yuma, en la provincia La Altagracia, con una profundidad aproximada de 48 kilómetros, de acuerdo con los datos preliminares del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).

    Los organismos de emergencia informaron que ninguno de los eventos ocasionó afectaciones a infraestructuras ni reportes de víctimas.

    Desde los terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5 que impactaron el norte de Venezuela el pasado 24 de junio, la actividad sísmica en territorio dominicano ha permanecido dentro de los niveles considerados normales por los especialistas.

    Durante la última semana se han registrado tres movimientos de mayor relevancia: el sismo de magnitud 5.1 ocurrido al sur de la Isla Saona el pasado 26 de junio, que provocó evacuaciones preventivas en edificaciones de Santo Domingo, Higüey, La Romana y Punta Cana, además de los dos eventos ocurridos este miércoles.

    Especialistas señalan que resulta difícil establecer una cifra exacta de los movimientos menores, ya que la mayoría no son percibidos por la población. No obstante, las redes regionales de monitoreo estiman que entre 40 y 60 microsismos, con magnitudes comprendidas entre 1.5 y 3.4, han ocurrido en los alrededores de la isla durante los últimos días.

    Las estadísticas indican que la República Dominicana registra anualmente entre 1,000 y 1,500 sismos de baja magnitud, por lo que un promedio de entre seis y ocho microsismos diarios después de un terremoto importante forma parte del comportamiento normal de reajuste tectónico.

    Solo este miércoles, el Centro Nacional de Sismología de la UASD detectó otros nueve movimientos de baja intensidad, con magnitudes entre 2.2 y 3.5, todos imperceptibles para la población.

    Estos eventos se concentraron principalmente en la zona costera sur y este del país, incluyendo áreas cercanas a la Isla Catalina, Ramón Santana y la Isla Saona. Posteriormente, la actividad también se extendió hacia el noroeste, con pequeños reajustes registrados en las provincias Montecristi y Puerto Plata.

    ¿Por qué siguen ocurriendo estos temblores?

    Los expertos explican que la República Dominicana se encuentra sobre el límite entre la Placa del Caribe y la Placa de Norteamérica, una de las zonas tectónicas más activas de la región.

    El proceso de reajuste generado tras los fuertes terremotos registrados en Venezuela modifica los esfuerzos internos de la corteza terrestre. Aunque esto no significa que dichos sismos provoquen directamente un gran terremoto en territorio dominicano, sí contribuye a mantener activas fallas locales, entre ellas la Trinchera de los Muertos, ubicada frente a la costa sur del país.

    Los especialistas destacan que los sismos menores, especialmente aquellos inferiores a magnitud 4.0, representan mecanismos naturales mediante los cuales la corteza terrestre libera tensión de forma gradual, disminuyendo la acumulación de energía en determinados segmentos de las fallas.

    Asimismo, recuerdan que el proceso de liberación de energía posterior a un terremoto importante puede prolongarse durante meses e incluso años. La frecuencia de estos eventos disminuye progresivamente conforme pasa el tiempo, fenómeno descrito por la denominada Ley de Omori.

    Cuando ocurre la ruptura de una falla geológica, la tensión no desaparece por completo, sino que se redistribuye hacia otras zonas cercanas. Como consecuencia, continúan registrándose pequeños movimientos sísmicos mientras las placas alcanzan un nuevo estado de equilibrio.

    Investigaciones recientes también han demostrado que algunas fallas pueden tardar décadas e incluso siglos en estabilizarse completamente tras un gran terremoto, especialmente en regiones donde la corteza terrestre presenta mayor rigidez.

    En el caso del Caribe, los especialistas consideran completamente normal que continúen registrándose microsismos durante los próximos meses, luego de los terremotos superiores a magnitud 7.0 ocurridos en Venezuela y del sismo de magnitud 5.1 registrado al sur de la Isla Saona.

    Las autoridades reiteraron el llamado a la población a mantener la calma, evitar la difusión de informaciones no verificadas en redes sociales y mantenerse atenta únicamente a los boletines emitidos por el Centro Nacional de Sismología y el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), recordando que la isla de La Española se encuentra en una región de alta actividad sísmica donde este tipo de fenómenos forma parte de su dinámica geológica natural.

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