sábado, enero 31, 2026
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    La Romana: una ciudad a la deriva


    La Romana atraviesa hoy uno de los momentos más preocupantes de su historia reciente. Basta con recorrer sus calles para constatar una realidad que golpea a diario a ciudadanos, comerciantes y visitantes: una ciudad descuidada, sin rumbo claro y sumida en una alarmante falta de gestión municipal.

    Los semáforos —elementos básicos para el orden y la seguridad vial— se encuentran en estado deplorable. Muchos no funcionan, otros operan de manera intermitente y algunos simplemente han sido abandonados a su suerte. El resultado es el caos vehicular, el aumento de accidentes y la sensación permanente de inseguridad en las principales vías de la ciudad.

    A esto se suma el deterioro evidente de las calles. Hoyos, grietas, falta de señalización y ausencia de mantenimiento convierten el tránsito urbano en una prueba diaria de paciencia y riesgo. Barrios enteros permanecen olvidados, mientras las quejas de los munícipes se acumulan sin respuesta efectiva por parte de las autoridades.

    Lo más grave es que esta situación se produce cuando está por cumplirse casi un año de la actual gestión municipal, sin que se pueda señalar una sola obra significativa que marque un antes y un después para La Romana. No hay proyectos emblemáticos, no hay soluciones estructurales, no hay señales claras de una visión de ciudad. La inacción ha sido, hasta ahora, la principal característica de la administración actual.

    La Romana no es una ciudad cualquiera. Es un polo turístico, industrial y comercial de gran importancia nacional. Sin embargo, hoy proyecta una imagen de abandono que contradice su potencial y afecta directamente la calidad de vida de sus habitantes.

    La ciudadanía no exige milagros, pero sí gestión, planificación y compromiso. Gobernar una ciudad implica más que ocupar un despacho: requiere liderazgo, acción y voluntad política. La Romana necesita respuestas urgentes, obras visibles y una administración que entienda que el tiempo pasa y la paciencia ciudadana se agota.

    El reloj sigue corriendo. La pregunta es clara: ¿seguirá La Romana esperando o comenzará, por fin, a ver resultados concretos?


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