La situación actual de las calles de La Romana refleja, sin lugar a dudas, un preocupante deterioro que impacta directamente la calidad de vida de sus ciudadanos. Transitar por sus principales avenidas y barrios se ha convertido en una odisea diaria: hoyos profundos, asfaltado en mal estado, drenajes colapsados y una evidente falta de mantenimiento son parte del paisaje urbano que, lejos de mejorar, parece agravarse con el paso del tiempo.
Este escenario plantea serios cuestionamientos sobre la gestión del cabildo, encabezado por el alcalde Eduardo Kery Metivier. Si bien toda administración enfrenta retos, lo que se percibe en La Romana trasciende las dificultades normales de gestión y apunta a una preocupante falta de planificación, ejecución y seguimiento en obras esenciales.
Las calles no son un lujo: son infraestructura básica. De su estado dependen el transporte, el comercio, la seguridad y hasta la salud de la población. Cada bache que se ignora, cada tramo sin reparar, representa no solo incomodidad, sino también un riesgo constante para conductores, peatones y motociclistas. Además, el deterioro vial tiene un impacto económico directo, elevando costos de transporte y afectando la actividad comercial en sectores clave de la ciudad.
Resulta aún más preocupante la percepción ciudadana de abandono. La falta de respuestas oportunas, de programas visibles de reparación y de una comunicación clara por parte del ayuntamiento ha generado descontento y desconfianza. La población no solo exige soluciones, sino también transparencia y compromiso real con el desarrollo urbano.
La gestión municipal debe ir más allá de discursos y promesas. Es imperativo establecer un plan integral de recuperación vial, con cronogramas definidos, supervisión efectiva y participación comunitaria. La Romana es una ciudad con potencial económico y turístico que no puede permitirse proyectar una imagen de descuido y deterioro.
Hoy más que nunca, la administración encabezada por Eduardo Kery Metivier tiene la responsabilidad de responder a las demandas de su gente. Gobernar implica escuchar, actuar y rendir cuentas. Las calles de La Romana no pueden seguir esperando.




