lunes, enero 12, 2026
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    El renacer cultural de La Romana

    Durante años, La Romana fue vista principalmente como un polo turístico e industrial, asociada al azúcar, al puerto y a sus playas. Sin embargo, en silencio y con constancia, la ciudad ha venido experimentando un renacer cultural que hoy merece ser reconocido como uno de los procesos más esperanzadores del este de la República Dominicana.

    Este despertar cultural no ha sido obra de una sola institución ni de un momento específico, sino el resultado de la convergencia de artistas, gestores culturales, educadores y ciudadanos que han decidido rescatar y revalorizar la identidad romanense. La música, el teatro, las artes plásticas, la danza y la literatura han comenzado a ocupar espacios que antes parecían relegados, devolviéndole a la ciudad una voz propia y diversa.

    La reactivación de centros culturales, la realización de festivales comunitarios, exposiciones de artistas locales y talleres formativos para niños y jóvenes han contribuido a crear un nuevo tejido social, donde el arte se convierte en herramienta de inclusión, reflexión y orgullo colectivo. En barrios y sectores históricamente marginados, la cultura ha empezado a funcionar como un puente de oportunidades, alejando a muchos jóvenes de la apatía y acercándolos a la creatividad y al sentido de pertenencia.

    Este renacer también ha servido para reconciliar a La Romana con su memoria histórica. Las tradiciones populares, el legado de los bateyes, la herencia afrocaribeña y las expresiones culturales nacidas al calor del trabajo y la migración vuelven a ser valoradas no como piezas del pasado, sino como elementos vivos que dialogan con la modernidad. La ciudad comienza a entender que su riqueza no está solo en lo que produce o recibe del turismo, sino en las historias que cuenta y en las expresiones que la definen.

    No obstante, este impulso cultural enfrenta retos importantes. La falta de financiamiento sostenido, de políticas públicas claras y de infraestructura adecuada sigue siendo un obstáculo. Para que este renacer no sea efímero, es imprescindible que las autoridades locales y nacionales asuman la cultura como una inversión estratégica y no como un gasto secundario. Igualmente, el sector privado tiene la oportunidad de convertirse en aliado clave de este proceso.

    La Romana está demostrando que el desarrollo no se mide únicamente en cifras económicas, sino también en la capacidad de una ciudad para pensarse a sí misma, expresarse y proyectar su identidad. El actual renacer cultural es una señal clara de que la ciudad está redefiniendo su futuro, apostando por el arte y la cultura como pilares de cohesión social y desarrollo humano. Cuidar y fortalecer este proceso no es solo una responsabilidad institucional, sino un compromiso colectivo con el alma de La Romana.

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