jueves, junio 11, 2026
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    Falsas prostitutas y hombres armados: así funcionaba red de ciberextorsión de la Operación XL 526

    Santiago. — El Ministerio Público reveló los detalles de una presunta red de cibercrimen que operaba desde la provincia Santiago y que habría estafado a más de 400 ciudadanos estadounidenses mediante un sofisticado esquema de extorsión digital basado en anuncios falsos de servicios sexuales.

    Según el expediente de la denominada Operación XL 526, la organización tenía sus principales centros de operaciones en el municipio de Jacagua y el sector Los Cocos, desde donde coordinaba una estructura que utilizaba tecnología, manipulación psicológica y amenazas para obtener dinero de sus víctimas en Estados Unidos.

    De acuerdo con la investigación, los integrantes de la red publicaban anuncios ficticios en portales de citas y encuentros íntimos, ofreciendo supuestos servicios sexuales. Para ocultar su ubicación real, utilizaban números telefónicos virtuales estadounidenses que redirigían llamadas y mensajes hacia centros de operaciones instalados en Santiago. Una vez que una persona contactaba los anuncios, los operadores obtenían información personal, fotografías y, en algunos casos, pagos iniciales mediante tarjetas de regalo. Posteriormente, la organización realizaba búsquedas en bases de datos públicas de Estados Unidos para recopilar detalles como direcciones, familiares, lugares de trabajo y otros datos sensibles de las víctimas.

    Con esa información, los estafadores volvían a comunicarse haciéndose pasar por administradores o representantes de las supuestas mujeres anunciadas. Bajo un discurso intimidante, exigían pagos alegando que la joven había perdido otros clientes o había sido perjudicada económicamente.

    Cuando las víctimas se negaban a pagar, la red elevaba el nivel de presión mediante amenazas. Según el Ministerio Público, los implicados enviaban mensajes, audios y videos en los que afirmaban pertenecer a organizaciones criminales violentas como el Cártel de Sinaloa o las Maras Salvatruchas.

    Las amenazas eran reforzadas con montajes audiovisuales de individuos armados y encapuchados, acompañados de mensajes personalizados que incluían nombres de familiares y datos privados de las víctimas para aumentar la credibilidad del peligro.

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